Carta de Fin de Año Gamnic 2018 - 2019

Actualizado: sep 25

Enero 2019


"No podemos predecir, pero si podemos prepararnos"

A nuestros clientes, -3.21% después de comisiones y costos (neto) en dólares es el rendimiento durante el 2018 del Portafolio Modelo Gamnic (PMG), base sobre la cual diseñamos los portafolios de nuestros clientes.


Con este resultado, el rendimiento acumulado desde inicio de operaciones (19/07/2009) es de +59.22% neto en dólares, equivalente a +5.04% en promedio por año.


Es nuestro segundo peor año de rendimiento y el tercero en terreno negativo desde que comenzamos hace casi 10 años (2011, 2015 y 2018).


El rendimiento negativo está explicado principalmente por la caída de las acciones, que componen el 40% del portafolio y que se vieron afectadas por el temor a una recesión económica.


Las acciones de las principales empresas de Estados Unidos (EEUU), que en los últimos 90 años han rendido +9.5% en promedio por año, rindieron -6.4% durante el 2018. El resto del portafolio, invertido principalmente en bonos de la mejor calidad de EEUU, mantuvo su valor. Es por eso que el portafolio rindió negativo -3.21% en el año.


Gran parte de la caída del año se vivió en diciembre. Las acciones de EEUU cayeron casi -10% durante el mes y fue su peor mes de diciembre desde 1930. El portafolio perdió -2.9% y fue nuestro cuarto peor mes de rendimiento desde que iniciamos operaciones.


En los dos años anteriores (2016 y 2017), el buen rendimiento de las acciones permitió que el portafolio rindiera más de +10% por año. Con esos resultados, el rendimiento promedio anualizado del portafolio se acercó a nuestro objetivo de largo plazo de +6% neto en dólares.


Con el rendimiento negativo del último año, el rendimiento promedio anualizado del portafolio se redujo de +6% a +5% neto en dólares.


El objetivo del portafolio es cuidar el dinero y hacerlo crecer en el tiempo. Para lograrlo, asume un nivel de riesgo bajo, solo una escala por encima del nivel de riesgo de las inversiones más seguras del mundo, los bonos del tesoro americano (EEUU).


Esa escala adicional de riesgo es la “volatilidad”. La volatilidad, que es la medida más convencional de riesgo, es la fluctuación en precios que se observa en los activos líquidos, como las acciones, los bonos y los fondos.


Los precios fluctúan de acuerdo a las expectativas de los inversionistas que compran y venden dichos activos. Ambos lados compiten intentando adelantarse (especulan) a los ciclos económicos y a los resultados de las empresas en las que invierten.


Exponernos a la volatilidad de las mejores inversiones del mundo (especialmente en las acciones) es importante porque nos permite participar del crecimiento necesario para preservar el valor del dinero en el tiempo (superar la inflación).


Para poder navegar la volatilidad, invertimos en los activos financieros (acciones y bonos) más eficientes y seguros del mundo, enfocados en las mejores empresas de EEUU, y a través del mercado más grande (profundo) y líquido del mundo, el mercado estadounidense.


El portafolio mantiene una buena parte en inversiones líquidas que no pierden valor durante periodos difíciles, como los bonos de la mejor calidad de EEUU.


Estas inversiones protegen y estabilizan el rendimiento del portafolio durante caídas significativas en las acciones, y nos dan el espacio para aprovechar oportunidades de valor a menores precios.


Esas oportunidades las tomamos cuando las acciones de EEUU se caen -10%, situación que se da en promedio cada 18 meses, y cuando se caen -20%, situación que se repite cada 5 años aproximadamente.


Si bien el rendimiento histórico promedio de las acciones de EEUU es +9.5% por año, desde 1928 solo se registraron 6 años (1956, 1968, 1992, 1993, 2004 y 2016) en los que el rendimiento estuvo entre +7% y +12%. El resto de los años el rendimiento fue superior o inferior a ese rango.


La variabilidad del rendimiento de las acciones en cada año, explica la fluctuación del portafolio en términos anuales. Por ese motivo, aunque el portafolio tiene como objetivo de largo plazo rendir entre +5% y +6% en promedio por año, la expectativa es que algunos años el rendimiento este por encima o por debajo de esa meta.


En un año negativo (2011, 2015 y 2018) el portafolio puede caer alrededor de -6%. En un año positivo (2010, 2016 y 2017) puede rendir más de +10%. En un escenario como la crisis del 2008, en donde las acciones de EEUU se cayeron más de -35%, el portafolio puede acabar -15% abajo.


Frente a las caídas, las inversiones del portafolio se recuperan más rápido que el resto de las inversiones del mundo, generalmente en un plazo de 3 a 12 meses.


Esa rápida recuperación se debe al bajo nivel de riesgo de las inversiones del portafolio, sumado a su alta liquidez, la relevancia de las empresas que representan y a la profundidad (gran tamaño) del mercado estadounidense.


El 2018 se cumplieron 10 años desde la última recesión (la crisis financiera del 2008). Es uno de los periodos de recuperación y crecimiento económico más largos de la historia y marca un hito psicológico para muchos inversionistas.


Desde el final de la crisis en febrero del 2009, las acciones de EEUU, representadas por el S&P500 y referentes de las inversiones en el mundo, subieron +350%, un promedio de +16.5% por año.


Las acciones de EEUU son uno de los activos financieros que más rindieron en los últimos 10 años, por encima de los bonos y otras acciones alrededor del mundo.


Con los precios de las acciones estadounidenses en máximos históricos a inicios del año, la duda sobre cuándo será la próxima recesión ganó espacio. Creció con cada mes y se contagió hacia el final.


La incertidumbre cargó de volatilidad las inversiones. No solo las acciones, también los bonos, las monedas, el petróleo y los metales.


En menos de 12 meses, las acciones de EEUU tuvieron dos caídas importantes o correcciones. La primera en febrero, con una caída de -10% que les tomó 5 meses en recuperar. La segunda en diciembre, con una caída de -20% de la cual aún se están recuperando.


Las recesiones económicas marcan el final de un ciclo de crecimiento económico. Normalmente, estos ciclos duran entre 5 y 10 años, y dan inicio a un nuevo ciclo de crecimiento. El ciclo económico actual ya tiene una década.


Ambas caídas son consecuencia de la búsqueda constante de los inversionistas por anticiparse a la recesión.


En los últimos 70 años, cada vez que las acciones de EEUU cayeron entre -10% y -20%, el siguiente año rindieron positivo en el 90% de las veces. Especular sobre cuándo será la siguiente recesión no es una buena estrategia, sobre todo después de una corrección.


Los rendimientos más importantes generalmente se dan inmediatamente después de grandes caídas. No participar de esa recuperación (no estar invertido) puede reducir el rendimiento de largo plazo a más de la mitad.


En el contexto actual de incertidumbre, la alta volatilidad experimentada no es un fenómeno tan extraño. Históricamente, la volatilidad incrementa en los años previos al final del ciclo económico.


Los inversionistas pasaron buena parte del año en un estado de alerta constante, en donde lo negativo fue más valorado que lo positivo. Los conflictos comerciales y políticos opacaron los buenos resultados económicos y empresariales en EEUU.


Por un lado, la compleja negociación comercial entre EEUU y China, afectó negativamente las perspectivas económicas del mundo. En EEUU, los cierres parciales del gobierno (“shutdown”) reavivaron el temor sobre el déficit y el alto nivel de endeudamiento del gobierno estadounidense.


Sumado al descontento público de Trump con la gestión de la Reserva Federal (Fed – Banco Central de Reserva de EEUU) por su política de continuar con la subida de tasas de interés, se alimentó la incertidumbre económica y financiera mundial.


Noticias negativas, que en otro momento pasarían inadvertidas, fueron el centro de atención. Noticias positivas, que en otro momento serían el centro de atención, en el 2018 no generaron mayor entusiasmo. Esa dinámica es común en el corto plazo y se revierte en el largo plazo, en donde lo positivo predomina.


Nuestra filosofía de inversión tiene presente el efecto de las emociones en los precios y la dinámica impredecible de los ciclos económicos. Por eso el portafolio es conservador, altamente líquido e invierte principalmente en EEUU, la economía más sólida y que más rápido se recupera.


En años difíciles, esa filosofía de inversión protege el portafolio y limita el rendimiento negativo gracias a inversiones líquidas que conservan su valor durante las caídas.


Esa liquidez y protección nos da la capacidad para capitalizar la recuperación comprando activos valiosos a menores precios. Durante el año lo hicimos en ambas caídas y seguirá siendo parte de nuestra filosofía cuando vuelva a suceder.


Este 2019 esperamos que la volatilidad continúe. Mientras la mayoría de inversionistas siguen intentando predecir la siguiente recesión y pierden oportunidades en el camino, nosotros preferimos mantener un portafolio conservador y líquido, enfocado en EEUU.


Esa filosofía conservadora nos permite caernos menos, capitalizar las recuperaciones y participar activamente de las oportunidades de valor.





¿QUÉ PASÓ DURANTE EL 2018?


El año comenzó con entusiasmo. El primer mes, las acciones de EEUU rindieron +5.6% y tuvieron su mejor enero en 20 años.


Sumado al rendimiento de los dos años anteriores, las acciones estadounidenses acumulaban una subida de casi +45% en 25 meses.


A partir de febrero, comenzó a generarse nerviosismo ante la expectativa de una recesión económica. Dos eventos catalizaron la primera caída de -10% (corrección) en las acciones estadounidenses: (1) Buena data de crecimiento en los salarios, que generó expectativas inflación por encima de la deseada. (2) Las primeras noticias sobre las negociaciones comerciales entre EEUU y China.


Ante la caída, y siguiendo nuestra filosofía de inversión, incrementamos la posición de acciones (compramos) de EEUU en el portafolio. El objetivo era participar activamente de una eventual recuperación.


Mientras las acciones de EEUU se recuperaban hacia mediados del año, las acciones de países emergentes continuaron con la caída.


El conflicto comercial afectó negativamente las expectativas de crecimiento chino y generó un retroceso de -15% en los precios de los metales en el año. Gran parte de las inversiones relacionas a países emergentes sufrieron las consecuencias.


La nueva posición de China como potencia económica, cambia la dinámica de su relación con EEUU y el resto del mundo. Más allá del conflicto comercial, es un proceso político que busca encontrar un nuevo equilibrio de poder. Intereses particulares, emociones y opiniones intervienen en el proceso. Especular frente a eso es muy complicado y no lo recomendamos.


En el segundo trimestre del año, y a pesar de la incertidumbre, la economía estadounidense creció +4.2% en doce meses, su mayor ritmo en 4 años.


La buena actividad interna en EEUU y algunas políticas de Trump, como el recorte de impuestos y la repatriación de capitales, contribuyeron al resultado.


La economía estadounidense siguió caminando bien durante el año de la mano de un mercado laboral sólido (niveles mínimos históricos de desempleo) y aumentos saludables en el consumo, la inflación y los salarios.


En el lado empresarial, las ganancias de las principales empresas de EEUU sorprendieron con un crecimiento de +20% en el año, muy por encima del promedio histórico.


En ese contexto positivo, las acciones estadounidenses terminaron de recuperarse de la primera corrección del año a mediados de agosto.


Con ese hito, y habiendo participado de la recuperación, realizamos ganancia (vendimos) sobre la compra realizada en febrero y regresamos la posición de acciones de EEUU a su objetivo de largo plazo en el portafolio.


Con la economía estadounidense avanzando a paso firme, regresó la expectativa de mayor inflación a futuro. Frente a eso, la Reserva Federal (Fed – Banco Central de Reserva de EEUU) siguió subiendo las tasas de interés durante el año con el objetivo de contrarrestar un potencial aumento en la inflación.


El incremento en las tasas de interés tuvo dos efectos: (1) Un impacto negativo en los precios de todos los bonos, sobre todo los más riesgosos. (2) Profundizó la incertidumbre sobre la situación económica para los próximos meses.


Debido a las mayores tasas de interés en dólares, el dólar se fortaleció +4.6% frente al resto de monedas del mundo y consolidó su estatus como referencia de valor.


Bajo el escenario de mayores tasas de interés y el temor a un deterioro económico, los bonos de la mejor calidad de EEUU perdieron -2.6% de valor en el año, mientras que los de alto riesgo de EEUU (“high yield”) perdieron -8.5%.


Los bonos de países emergentes perdieron, en dólares, cerca de -6.9% de su valor. Puntualmente, los bonos latinoamericanos perdieron, en promedio, -10.4% en dólares. Fue un año complicado para los bonos de alto riesgo.


El caso emblemático fue el deterioró de los bonos de “General Electric”. Considerados como una inversión segura hace algunos años, perdieron más de -15% de su valor en pocos meses.


“General Electric” fue, hace algunos años, la empresa más grande del mundo y era considerada símbolo de innovación y buena gestión.


Hoy sus bonos son considerados de alto riesgo (“high yield”) y podrían perder más valor si la situación de la empresa sigue deteriorándose y comprometiendo su capacidad para cumplir con sus bonistas.


La acumulación excesiva de deuda y el poco enfoque de negocio, les costó caro en los últimos años. No pudieron mantenerse vigentes y perdieron negocio frente a compañías más enfocadas y flexibles. Hoy su futuro es un signo de interrogación, igual que sus bonos.


Tampoco fue un buen año para las acciones tecnológicas más populares. Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google, conocidas en conjunto como las “FAANG”, perdieron en promedio -30% de su valor desde su punto más alto del año.


Muchos inversionistas esperaban que el rendimiento de estas acciones –“FAANG”– siga sorprendiendo como fue en años anteriores. Esta expectativa se acabó sin previo aviso durante el 2018.


Como en el caso de “General Electric”, lo que se considera una inversión “segura”, no necesariamente lo es. Los negocios evolucionan o se deterioran a una velocidad sin precedentes. Especular sobre una inversión especifica (“stock picking”) es un mal negocio en el largo plazo.


En setiembre, el temor a una recesión económica regresó alimentado por las mayores tasas de interés y las tensiones políticas-comerciales entre EEUU y China.


Los precios de las acciones estadounidenses comenzaron a caer y en 60 días alcanzaron nuevamente el hito de -10% abajo desde su punto máximo del año. Era la segunda corrección del 2018, esta vez en noviembre.


Como lo hicimos con la primera corrección, volvimos a comprar acciones estadounidenses. Los precios comenzaron a recuperarse en los siguientes días, pero las tensiones comerciales incrementaron y el temor a una recesión ganó fuerza.


El pesimismo superó el optimismo de una recuperación rápida. Los precios cambiaron de dirección y la corrección se convirtió en una caída de -20% el 24 de diciembre.


Por tercera vez en el año, siguiendo nuestra filosofía de inversión, decidimos incrementar la posición en (compramos) acciones de EEUU.


Históricamente, caídas de -20% se dan cada 5 años y las acciones tardan entre 6 y 12 meses en recuperarse. Era una oportunidad para capitalizar la recuperación con inversiones líquidas y de valor a menores precios.


El 26 de diciembre, el día siguiente al punto más bajo de la caída, las acciones de EEUU rindieron +5.0%. Es el rendimiento diario más alto en 90 años. Incluyendo ese día, las acciones estadounidenses rindieron +6.6% durante la última semana del año.


Si bien es imposible predecir cuándo parará la caída y comenzará la subida, la historia nos dice que los mejores días de rendimiento se dan inmediatamente después de grandes caídas. El 26 de diciembre fue la demostración más tangible de eso.


A pesar de la última semana, el año terminó negativo para las acciones de EEUU. En el transcurso del año, las acciones experimentaron dos caídas de -10%, de las cuales, la segunda de ellas, se convirtió en una de -20%.


Nuestro portafolio tuvo su segundo peor año desde que comenzamos, pero logramos limitar la caída y mantenernos alineados al objetivo de cuidar el dinero.


Como tema anecdótico, este año vivimos el auge y la caída de “Bitcoin” y las “criptomonedas”. Desde su precio más alto en USD 20,000 cayó a USD 3,000 durante el año, perdiendo el -85% de su valor. Es la burbuja más grande de todos los tiempos.


El caso de “Bitcoin” demuestra cómo influyen las emociones en las inversiones. En los extremos, la euforia y el pesimismo controlan nuestras decisiones. Con el precio subiendo, las historias de grandes ganancias se viralizaban. El interés por participar se contagió. A mayor precio, mayor interés.


Noticias, publicidad, oportunidades, conversaciones con amigos y familia, todo giraba alrededor de “Bitcoin”. Dinero fácil y sin esfuerzo. La complejidad no importaba.


En los extremos de la emoción, cualquier noticia puede gatillar un cambio en la dirección de los precios. Para febrero, el precio ya había caído a USD 7,000 desde USD 20,000. El interés se fue disipando.


Lo que antes se consideraba una oportunidad imperdible, ya no genera mayor interés. La promesa de multiplicar el dinero desapareció y con ella la popularidad de “Bitcoin” y las “criptomonedas”.


¿QUÉ ESPERAMOS PARA EL 2019?


La historia nos dice que este año las acciones de EEUU deberían terminar en terreno positivo, pero nosotros esperamos que la volatilidad continúe porque el temor a una recesión económica sigue presente.


Los ciclos económicos suelen terminar luego de periodos de crecimiento muy favorables que comienzan a normalizarse. En adelante, ese podría ser el escenario, pero no lo sabemos.


No especulamos sobre cuándo será la próxima recesión económica, pero sí nos enfocamos en estar siempre preparados para ese momento.


El ciclo económico podría acabar este año, el siguiente o alargarse por 5 años más. Son tantas las variables que intervienen que no es responsable intentar predecirlo.


De momento, hay incertidumbre y los inversionistas siguen en un estado emocional de alerta. Se mantienen las dudas sobre el efecto futuro de mayores tasas de interés en la economía y las consecuencias de la interacción política entre China y EEUU.


A medida que las acciones de EEUU se recuperen de la caída de -20%, iremos realizando la ganancia por disciplina.


La semana pasada, las acciones de EEUU recuperaron la primera mitad de la caída de -20% y vendimos una parte de las compras realizadas el 2018. La otra parte de las compras la venderemos cuando los precios regresen por completo.


Adicionalmente, frente a la incertidumbre actual, preferimos ser más conservadores. Si bien el portafolio está preparado para periodos de alta volatilidad, durante el año reduciremos la posición objetivo de largo plazo en acciones dentro del portafolio.


De cara a nuestra filosofía de inversión, mantenemos la estrategia de participar activamente frente a caídas de -10% y -20% en inversiones líquidas y de valor.


Cuando las inversiones suben de valor, el portafolio acompaña. Cuando se caen, el portafolio limita la pérdida. Si existe una oportunidad de valor, el portafolio tiene el espacio para capitalizar la recuperación. Esa es nuestra estrategia para cumplir el objetivo de largo plazo.


El objetivo del portafolio es cuidar y hacer crecer el dinero en el tiempo, sin especular y participando de las oportunidades.


Estaremos atentos a cómo se desenvuelve este nuevo año para hacerte llegar nuestras recomendaciones puntuales para tu portafolio.


Gracias por la confianza.

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