Carta de Fin de Año Independiente 2019 - 2020

Actualizado: sep 25

Enero 2020


"Preparados para un nuevo año"



A nuestros inversionistas, +13.36% después de costos (neto) en dólares fue el rendimiento durante todo el 2019 del Fondo de Preservación de Capital (Fondo PMG).


Con este resultado, el rendimiento acumulado desde inicio de operaciones (01/07/2018) es de +8.67% neto en dólares, equivalente a +5.68% en promedio por año.


El Fondo PMG fue creado a mediados del 2018 con el objetivo de atender a inversionistas que buscan cuidar y hacer crecer en el tiempo.


Para gestionar el fondo, usamos como referencia el Portafolio Modelo Gamnic (PMG), creado en el 2009 por Gamnic Multi-Family Office para atender las necesidades de clientes de altos patrimonios.


El año 2019 estuvo caracterizado por retornos altos y consistentes en las principales inversiones de Estados Unidos (en donde invertimos principalmente), pero acompañado de voces que siguen esperando una próxima gran caída en los precios.


Para nuestras inversiones fue un año particular. El fondo mantuvo su posición más conservadora desde que comenzamos (sólo 35% en acciones) y, sin embargo, logró un año de gran rendimiento (+13.36%).


La decisión de ser más conservadores respondió a la intención de cuidar lo ganado a principios del año en un ambiente de alta incertidumbre. A pesar de eso, los altos rendimientos de las inversiones en Estados Unidos permitieron un buen año de rendimiento para el fondo.


Si bien +6.0% es el objetivo de rendimiento promedio por año, no es el rendimiento que más se repite. La variabilidad en los rendimientos entre año y año es parte de la naturaleza de nuestra estrategia de inversión.


El fondo está diseñado para capturar un rendimiento variable, pero acotándolo a un rango muy conservador. En un año bueno, el rendimiento puede superar el +10.0% (2010, 2016, 2017 y 2019). En un año malo, el fondo puede terminar en terreno negativo y caer alrededor de - 6.0% (2011, 2015 y 2018). En un año de crisis (como el 2008), el fondo puede acabar -12.5% abajo y recuperar lo perdido en un promedio de 12 meses.


En el largo plazo, los buenos años compensan a los malos. El mejor ejemplo es el contraste entre los últimos dos años. El rendimiento negativo del 2018 (-4.14%) se compensó con el rendimiento positivo del 2019 (+13.36%).


Participar conservadoramente, y sin especular, tanto de los buenos años como de los malos, es lo que nos permite capitalizar (participar de) lo positivo, limitar lo negativo y alcanzar el objetivo de rendimiento de largo plazo.


En un ambiente de tasas de interés tan bajas como el actual, mantener un fondo de renta “fija” que busque un rendimiento de +6.0% anual en dólares, requeriría tomar más riesgo; principalmente a través de bonos de baja calidad crediticia (“high yield”) y probablemente en mercados emergentes como Latinoamérica.


Un enfoque de rendimiento “fijo” de esa magnitud nos alejaría del perfil conservador de nuestras inversiones y dificultaría que alcancemos el objetivo de cuidar y hacer crecer el dinero en el largo plazo.


Contar con bonos de la mejor calidad de Estados Unidos, que dan estabilidad al fondo, y acciones de las principales empresas de Estados Unidos, que generan el crecimiento de largo plazo (y variabilidad en el corto plazo), es una combinación necesaria para alcanzar el objetivo de retorno con un nivel de riesgo muy bajo.


En cuanto al buen resultado del año 2019, tanto las acciones como los bonos fueron determinantes. Las acciones estadounidenses, representadas por el índice S&P500, rindieron +31.22% en dólares, su segundo mejor año de rendimiento en 20 años, mientras que los bonos estadounidenses rindieron +8.46% en dólares.


Los buenos rendimientos en Estados Unidos se deben principalmente a que, comparado al resto del mundo, a Estados Unidos le fue mejor. No sólo a su economía que sigue liderando el crecimiento mundial, también a sus empresas que lideran el desarrollo tecnológico.


Ni los precios de sus acciones en máximos históricos, ni el conflicto comercial con China, ni los cuestionamientos políticos a la gestión de Trump, ni el menor crecimiento económico, fueron motivos suficientes para detener el aumento en los precios de sus inversiones.


Más allá de los cuestionamientos, lo cierto es que Estados Unidos continúa liderando el mundo. Su moneda es la más sólida (el dólar) y tiene los rendimientos más altos al menor riesgo. Es, por excelencia e historia, el refugio de valor del mundo y el referente de generación de valor.


Históricamente, las principales inversiones en Estados Unidos han demostrado, una y otra vez, ser el lugar para cuidar el dinero y hacerlo crecer consistentemente.


Fue un año que nos permitió validar y afinar nuestros principios y estrategia de inversión de cara al siguiente. Algunos de estos principios nos sirven de guía para mantenernos enfocados incluso en los momentos más complicados.


1. “Es imposible predecir el futuro”. El futuro es incierto por naturaleza. Los pronósticos de los “expertos” son opiniones informadas, no verdades absolutas. Los pronósticos son el resultado de modelos que combinan cientos de variables, pero la realidad es mucho más compleja que cualquier modelo. La infinidad de variables a considerar, relaciones posibles y resultados potenciales, es abrumadora. Predecir el futuro es una tarea que escapa de las capacidades de cualquier “experto”. Se mantienen vigentes porque el ser humano no tolera la incertidumbre y busca encontrar luces que le den cierta seguridad para tomar decisiones.


2. “No podemos predecir, pero sí prepararnos”. Aunque el futuro sea impredecible, no significa que no podamos decidir. Frente a la incertidumbre, la mejor estrategia para cuidar el dinero es ser conservador (tomar poco riesgo). Invertir de manera conservadora permite limitar las caídas en los malos años, tener el espacio para aprovechar las recuperaciones y participar de los buenos años.


3. “Lo posible y lo probable son distintos”. Lo “posible” abarca todo aquello que puede suceder, no existen límites, ni siquiera la imaginación. Que inicie la 3era Guerra Mundial o que el dólar americano pierda relevancia en el mundo, son situaciones posibles, y pueden suceder mañana, en cinco años o nunca.


Lo “probable” sí tiene límites y es todo aquello con un alto potencial de suceder de manera consistente en el tiempo. Que Estados Unidos se mantenga como el motor económico del mundo o que el dólar continúe siendo la moneda de referencia mundial, son situaciones probables porque según la historia y el contexto actual, tienen más potencial de suceder que de no suceder.


Por esos motivos, para invertir, es necesario tomar decisiones guiados por lo probable y preparados para lo posible. En otras palabras, no especular y mantener el enfoque en lo que ha demostrado funcionar una y otra vez.


4. “Los precios se construyen sobre las sorpresas”. En el corto plazo, los precios de las inversiones no se mueven en base a los pronósticos (expectativas) o a la realidad (noticias), se mueven por el contraste entre ambos: las sorpresas.


Si la realidad termina siendo negativa pero menos negativa que los pronósticos, entonces es una sorpresa positiva y los precios suben. Si la realidad termina siendo positiva pero menos positiva que los pronósticos, entonces es una sorpresa negativa y los precios caen.


Ni los precios en máximos históricos, ni las noticias positivas o negativas, ni los pronósticos de los “expertos”, determinan los precios por sí solos, necesitan la contraparte que da espacio a la sorpresa (positiva o negativa).


5. “Las emociones alimentan los extremos”. Las inversiones son un proceso de toma de decisiones en donde intervienen las emociones.


El ser humano es emocional por naturaleza y se aleja constantemente del pensamiento racional. Buenos resultados generan optimismo que conduce a la imprudencia en un extremo. Malos resultados generan pesimismo que conduce a la parálisis en el otro extremo.


Tanto el optimismo como el pesimismo nos conducen constantemente de un extremo al otro y los precios de las inversiones acompañan ese comportamiento en el corto plazo.


En ambos casos, los extremos generan oportunidad si mantenemos la disciplina de ser más prudentes cuando el resto es excesivamente optimista y ser más positivos cuando el resto es excesivamente pesimista. En el resto de ocasiones, las emociones nos conducen a la especulación y eventualmente a la equivocación.


6. “El mejor momento para invertir es hoy”. Sin importar el pasado, el mejor momento para invertir siempre es ahora.


Podemos ser más o menos conservadores, pero no podemos dejar de participar de las inversiones. Son unos cuantos días, contados con los dedos e impredecibles, los que explican los buenos rendimientos de largo plazo.


No invertir y esperar la próxima gran caída nos expone al riesgo de perder esos días de altos rendimientos. La próxima gran caída puede suceder hoy, mañana o nunca, es imposible anticiparse. Ser conservador es la mejor manera de participar y protegerse.


7. “Los costos son tan relevantes como el rendimiento”. El resultado de cualquier inversión depende tanto del rendimiento obtenido como de los costos incurridos.


Una estructura de costos eficientes permite capturar una mayor proporción del rendimiento generado por las inversiones, mientras que una estructura alta de costos podría llevarse gran parte del rendimiento generado.


Mantener una estructura de costos eficiente (enfocada en lo indispensable) permite alcanzar los objetivos de largo plazo sin necesidad de tomar más riesgo del necesario.


8. “Más simple sí puede ser mejor”. En inversiones, al igual que en otros aspectos de la vida, la simpleza genera mayor eficiencia y claridad.


Especialmente en inversiones, en dónde existen millones de opiniones y opciones distintas, lo simple permite entender con mayor profundidad y mantener las emociones controladas.


Cuando las cosas van bien, la simplicidad no es tan valorada, pero cuando las cosas van mal y es necesario entender para decidir, la simplicidad es determinante para tomar buenas decisiones.


9. “La liquidez sí importa”. Contar con la capacidad para comprar o vender rápidamente sin incurrir en altos costos, es una característica que no se aprecia hasta que se necesita realmente.


La liquidez da la tranquilidad de saber que es posible disponer de nuestras inversiones en cualquier momento. Especialmente cuando se presentan oportunidades de inversión luego de una caída en los precios.


Mantener inversiones de alta liquidez permite tener el espacio para aprovechar oportunidades rápidamente sin perder valor en el proceso.


10. “La disciplina es la mejor estrategia”. Ser disciplinado sólo se logra cuando se tiene un objetivo claro. Un objetivo que permita navegar enfocados durante los periodos de incertidumbre en dónde las emociones predominan.


La disciplina del enfoque es, sin importar el ruido alrededor, la estrategia de inversión más sólida en el largo plazo.


Tener la consistencia para seguir un mismo camino se logra con convicción. La convicción de saber que los fundamentos (motivos) que respaldan nuestros principios de inversión están construidos sobre conocimiento, experiencia e historia.


Todos estos principios nos remiten a Estados Unidos. La eficiencia de su mercado, la solidez de su economía, la autonomía de sus instituciones, el liderazgo de sus principales empresas y la fortaleza de su moneda (el dólar), han demostrado, y siguen demostrado, que Estados Unidos es el mejor lugar para cuidar y hacer crecer el dinero.


Sin duda, esos son los pilares que nos permiten mantener la disciplina y tener la mayor oportunidad para alcanzar el objetivo de largo plazo.


¿QUÉ PASÓ DURANTE EL 2019?


El año comenzó con el mejor enero en 30 años para las acciones de Estados Unidos. El índice S&P500, conformado por las 500 principales acciones estadounidenses, rindió más de +8.0% solo en el mes de enero.


El buen inicio del año fue parte de la recuperación en los precios de las acciones de Estados Unidos luego de experimentar una caída de -20.0% hacia finales del año anterior (2018).


En ese momento, el temor a una recesión económica ganó fuerza y ocasionó la caída en los precios. Con el inicio del nuevo año (2019), el temor se disipó y los precios comenzaron a subir.


Como parte de nuestra estrategia, con la caída de -20.0% a finales del 2018, aumentamos la posición en (compramos) acciones estadounidenses en el fondo con el objetivo de aprovechar los menores precios y participar de la recuperación.


Para mediados de enero, los precios de las acciones de Estados Unidos ya habían recuperado la mitad de la caída, con lo cual decidimos reducir una parte de la posición de (vendimos) acciones.


En pocos días, a inicios de febrero, los precios de las acciones continuaron con su camino hacia la recuperación, y con el fondo recuperado casi por completo, decidimos regresar la posición de (vendimos) acciones a su nivel inicial.


En los días siguientes, la recuperación en los precios de las acciones continuaba, pero la volatilidad (negativa y positiva) se incrementaba junto con la incertidumbre.


Como parte de nuestra estrategia, decidimos ser más conservadores frente a la incertidumbre y reducimos (vendimos) aún más la posición de acciones en el fondo.


El objetivo fue ser más conservadores, limitando cualquier caída inesperada y tener más espacio para aprovechar oportunidades de valor que nos permitan recuperarnos más rápido.


Para mediados de abril, los precios de las acciones de Estados Unidos se recuperaron por completo, mientras otras inversiones en el mundo se mantuvieron rezagas en su recuperación.


Con los movimientos en el fondo, el porcentaje de acciones terminó en 35% (30% en Estados Unidos y 5% en países emergentes), la posición más conservadora del fondo desde que comenzamos.


Si bien la volatilidad se mantuvo presente durante el año, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos se encargó de mejorar los ánimos entre los inversionistas retomando el estímulo económico.


Frente a la incertidumbre entre los inversionistas y economistas sobre el crecimiento económico del mundo, la Fed decidió replantear su decisión de subir las tasas de interés (quitar el estímulo económico) y comenzó a reducirlas, reactivando el estímulo económico y “respaldando” el bienestar económico.


El anuncio de la Fed mejoró las expectativas hacia adelante y disipó el miedo a una recesión, al menos por el momento. En total, redujo las tasas de interés en tres oportunidades, regresándola a niveles de 1.5%.


A pesar del impulso de la Fed, la economía mundial, e incluso la economía de Estados Unidos, se desaceleró. El conflicto comercial entre Estados Unidos y China escaló y afectó el crecimiento del resto del mundo, especialmente a los países emergentes.


Las negociaciones comerciales se convirtieron en el centro de atención durante el año y generaron volatilidad entre las inversiones en general.


Los incontables avances y retrocesos en las negociaciones motivaron un ambiente de incertidumbre y tensión política.


Recién hacia finales del año, lograron un acuerdo inicial para sorpresa de muchos. Acuerdo que busca fortalecer sus lazos comerciales y una mayor autonomía para las empresas estadounidenses que operan en territorio chino.


El periodo de negociaciones comerciales y sus efectos sobre el resto del mundo, marcaron un cambio en el equilibrio de poderes. China se consolidó como una nueva potencia sólo por detrás de Estados Unidos y continúa en la búsqueda de mayor protagonismo político-económico.


A diferencia de años anteriores, las principales empresas del mundo, principalmente las de Estados Unidos, registraron un menor crecimiento en sus ventas y utilidades. Sin embargo, los precios de sus acciones no pararon de subir.


Las acciones de Estados Unidos superaron sus niveles máximos históricos a diez años del inicio de este periodo de subida casi ininterrumpida (“rally”) en los precios.


A mediados del año, se cumplió oficialmente una década desde el final de la última crisis (crisis financiera del 2008). Con este “aniversario”, el temor a la próxima gran crisis se volvió a contagiar entre los inversionistas.


Ese miedo los acompañó el resto del año, pero no fue suficiente para detener el incremento de los precios de las inversiones en general, especialmente las de Estados Unidos.


El actual ciclo de crecimiento económico continúa y es imposible determinar cuándo acabará. Puede seguir por un mes, un año o diez años más, nadie lo sabe.


Por otro lado, el año estuvo marcado por crisis políticas en diferentes países del mundo, especialmente en la región latinoamericana.


Países como Chile, Argentina y Bolivia estuvieron en el centro del conflicto y desequilibrio político. Una ola de disturbios, el regreso del populismo y fugas presidenciales, son algunos de los eventos que enmarcaron el año para Latinoamérica.


La gran lección es que los países emergentes, no sólo los latinoamericanos, son propicios a eventos inesperados que pueden afectar el valor de sus inversiones considerablemente.


Las instituciones y mercados financieros de los países emergentes no funcionan y son frágiles, y por eso, no son el lugar ideal para cuidar el dinero.


Más allá de todos los eventos del año, el 2019 terminó con las acciones en Estados Unidos superando los niveles máximos históricos, e inversionistas con una mirada cada vez más optimista del futuro, motivados por los buenos resultados.


¿QUÉ ESPERAMOS PARA EL 2020?


El optimismo de los inversionistas y “expertos” para este año es un factor a considerar. La historia nos dice que mientras más optimismo veamos, más prudentes debemos ser.


Hay dos motivos por los cuales tener cuidado con el optimismo de los inversionistas: (1) porque pone la valla más alta para que sorpresas positivas sigan impulsando los precios y (2) porque el exceso de optimismo es el camino directo a la imprudencia (especulación).


La imprudencia generalizada incrementa el riesgo de invertir y alimenta la emoción de los que participan en las inversiones. La emoción nubla el juicio y genera especulación.


En ese sentido, esperamos que sea un año volátil y cargado de incertidumbre y sorpresas. Las elecciones presidenciales en Estados Unidos es uno de los ejemplos más claros de lo que se viene. Eso no quiere decir que pensemos que se viene un mal año, cualquier escenario (positivo o negativo) es posible.


Una década de expansión económica no garantiza un año bueno o uno malo. Este podría ser el año de la tan esperada recesión económica (crisis) o el inicio de una renovación del ciclo positivo de expansión económica.


El pasado no determina el futuro, es sólo una referencia. Por eso, no especulamos y nos mantenemos enfocados en nuestra estrategia de largo plazo.


Los precios de las inversiones pueden seguir subiendo o bajar durante este año, en cualquiera de los casos, el fondo está preparado.


Frente a la incertidumbre y el mayor optimismo de los inversionistas, la estrategia es mantener el fondo muy conservador.


Si se da una gran caída, el fondo se cae menos que el resto de las inversiones y tiene el espacio para aprovechar oportunidades de valor y recuperarse más rápido.


Si los precios de las inversiones siguen subiendo, el fondo acompaña y capitaliza (participa) los buenos momentos. El año 2019 fue el ejemplo más claro y este nuevo año también podría serlo.


En el largo plazo, el rendimiento promedio del fondo debería acercarse a +6.0% neto (después de costos) anual. Los años de rendimientos por encima de ese objetivo (como el 2019) cumplen con la función de compensar los años por debajo de ese objetivo (como el 2018).


En este nuevo año, el objetivo se mantiene, invertir para cuidar y hacer crecer el dinero consistentemente y en el largo plazo.


Gracias por la confianza.

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